En el marco del 96° aniversario de la FACH, un ex funcionario de la institución transformó el corazón de la ciudad en un museo aeronáutico al aire libre, rescatando piezas que recorren casi un siglo de soberanía aérea.
Hay piezas de metal que, aunque ya no vuelan, siguen comunicando la épica del aire. Eso es lo que descubrieron los transeúntes que visitaron y cruzaron la Plaza Prat, sorprendidos por una imponente exhibición de 246 piezas aeronáuticas, una colección que nació de la persistencia y el respeto por el patrimonio de un hombre que lleva el azul profundo en el ADN.
La iniciativa, montada de forma independiente por el ex funcionario de la Fuerza Aérea de Chile, Nibaldo Corbalán, quien se desempeñó como mecánico por 30 años en la institución, no es solo una muestra técnica; es un homenaje personal y público a los 96 años de la institución. Cada perno, hélice y resto de fuselaje tiene una procedencia clara y un relato que su custodio conoce de memoria.
A la muestra concurrió la Directora Regional de Gendarmería, coronel Nélida Troncoso, junto al jefe Operativo, mayor Agustín Contreras y un oficial del Ejército y componentes del Círculo de ex funcionarios de la entidad, que escucharon la charla y las historias que Corbalán, entregó con pasión y conocimiento de cada avión, en miniatura.
Desde componentes de legendarios aviones de combate que marcaron hitos en la defensa nacional, hasta naves civiles que conectaron los rincones más remotos del país, la muestra logró democratizar la historia aeronáutica, sacándola de los hangares cerrados para entregarla al ciudadano de a pie.
«Cada pieza tiene una historia detrás», repite Corbalán autor de la muestra mientras guía a niños y adultos por este laberinto de ingeniería. Para los visitantes, la cifra de 246 objetos es impresionante, pero lo que realmente cautiva es la narrativa, la procedencia de un motor, el desgaste de un ala que enfrentó turbulencias reales o la evolución de la tecnología que permitió a Chile ser pionero en el vuelo transpolar.
Cada avión de la muestra tiene su historia, como aquel que cuando estaba en la escuela institucional, junto a diez compañeros de la clase, se arrancaban de ella para ir a fumar al interior de un avión “caza”, hasta que terminara la instrucción. Para que no sospecharan que faltaron a la clase, pasaban trotando frente de la sala, dando la impresión que estaban cumpliendo las instrucciones emanadas en esa jornada.
Celebrar casi un siglo de vida institucional en un espacio público como la Plaza Prat le otorga a este aniversario un carácter humano y cercano. La exposición no solo resalta la capacidad operativa de la FACH, sino que pone en valor el trabajo silencioso de quienes, incluso después del retiro, siguen custodiando el legado de la aviación.
Mientras la ciudad sigue su ritmo habitual, en un rincón de la plaza, el metal brilla bajo el sol, recordándonos que la historia de Chile también se escribió —y se sigue escribiendo— mirando hacia arriba.
